“Sí, el cuadro de Millet, el Angelus del anochecer, “es algo”, es magnífico, es poesía. Con cuánto gusto hablaría todavía de arte contigo, pero no tenemos más que escribirnos con frecuencia; encuentra bello todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada suficientemente bello.”
En una de sus primeras cartas a Théo, Vincent Van Gogh comenta lo que piensa del arte inglés de la época, dice que no le atrae mucho al principio, “que hay que acostumbrarse a él” (según sus propias palabras), entonces relata una serie de autores que le han llamado la atención, como Millais (destacando obras como El Hugonote, Ofelia, etc), Boughton (Puritanos yendo a la iglesia), Constable. Reynolds, Gainsborough y Turner.
Es difícil saber si tenemos que reírnos o no viendo a esta obra de teatro. Lo cómico y lo trágico van y vuelven a lo largo de los actas como para evidenciar el imposible alcance de la felicidad absoluta para estos personajes. Un médico, su futura esposa semi-poeta, un cartero, Doña Valentina y su novio se lanzan en la aventura de la vida eterna pensando que será la clave de su felicidad. Acción con la que el autor toca con el mito de la vida eterna.
Muy pronto se arrepienten y aparece el tedio y la soledad simbolizados en la obra por la isla abandonada a la que tuvieron que aislarse por los problemas temporales que les impone esa nueva vida que les impide tener relaciones sociales con los demás.
Parece que desde los primeros códices medievales hasta el libro moderno que hoy en día todos conocemos, el objeto libro siempre ha sido considerado como sagrado. Tanto por la dificultad con la que antiguamente los copistas se dedicaban a su creación en los monasterios como por ser un magnífico vehículo de cultura y una herramienta de conocimiento.Quisiera destacar en ese artículo todo el proceso de creación de los códices medievales.
Continuando con la entrevista a Miguel von Hafe que ha sido publicada en el úlimo número de Art Notes, su respuesta a la pregunta de Natalia Poncela respecto al carácter de mediador cultural del CGAC (Centro Gallego de Arte Contemporáneo), a la cuestión de, ¿hasta que punto interviene el Centro Gallego de Arte Contemporáneo en las obras que expone?, ¿expone obras de arte o explica obras de arte?. Con respecto a esto responde:
“Hay algunos profesionales del sector que colocarían un texto explicativo junto a la obra de arte y, otros que se niegan a cualquier tipo de explicación a la misma. Creo que hay más opciones, y en este aspecto ser taxativo demuestra una falta de flexibilidad.”
Este artículo está basado en la entrevista que aparece este mes en Art Notes por Natalia Poncela, donde se dan las claves del nuevo rumbo que tomará el Centro Gallego de Arte Contemporáneo (CGAC) con la dirección de Miguel Von Hafe, junto con diversas notas y comentarios que nos dan una idea de la visión de este profesional del arte contemporáneo, con respecto al funcionamiento de esta institución artística y su lugar en el mundo del arte y contexto particular, instituciones artísticas y mercado del arte. Nos muestra su política de nuevas exposiciones, adquisición de obras de arte, y su visión de lo que el CGAC puede aportar al panorama artístico actual.
Continuando con el artículo “El Teatro y la cultura (1ª Parte)” podemos añadir que Antonin Artaud defiende el arte útil, interesado, práctico de las culturas primitivas, el arte ligado a la magia, el arte como mediador con la divinidad, un arte práctico que no se sitúa al margen de la vida cotidiana, pero añade:
“Pero por mucho que necesitemos de la magia, en el fondo tememos a una vida que pudiera desarrollarse por entero bajo el signo de la verdadera magia.”
“El teatro y la cultura” es uno de los artículos que escribió Antonin Artaud en su obra “El teatro y su doble”. Comentamos en esta ocasión este interesante artículo en el que se denuncia la idea que se tenía del arte, la vida y la cultura en su época. Idea que les arrastraba, según él, a una situación desesperada que les llevaba a una vida estéril, sin fuego, sin visión profunda de las cosas; naciendo así el “arte desinteresado”, como lo llama Artaud, el arte sin propósito, autocomplaciente y vacuo, solo preocupado de la forma por la forma, la forma entendida superficialmente, “los dioses duermen en los museos” dice Artaud.
Según un artículo publicado en la revista número 332 de Art Monthly, titulado Tiempos de Crisis (Crunch Time), por Jennifer Thatcher, la contracción del mercado financiero ha provocado la contracción del mundo del arte hasta tal punto que, y aquí se basa en declaraciones de Nicolas Bourriaud, podemos estar ante un cambio de era en lo que al arte se refiere. Nicolas Bourriaud llama a esta nueva era Altermodernismo.
Cambios de eras aparte, Jennifer Thatcher señala de manera acertada la cuestión de la escasa o nula crítica que se ha proferido desde el arte al desastre financiero. Una crítica generalizada que acuse directamente al brutal sistema neoliberalista que se nos ha impuesto en esta etapa avanzada del capitalismo imperialista, del mercado más inhumano subyugado por un sistema financiero que, como se ha visto claramente, está controlado por viles especuladores sin escrúpulos que pueden imponerse a los gobiernos de todo el globo. Y esta ausencia de crítica es debida, según señala Jennifer Thatcher, a que se ha hecho tan escasa la distancia entre el capital y el arte que este último ya no puede morder la mano que le da de comer, o no con la fuerza y audacia con la que lo ha hecho en otros momentos históricos, triste momento el del arte de vanguardia que no puede alzar la voz contra este sistema que se nos cae encima, a unos más que a otros por cierto.
Aquí comienza una serie de artículos dedicados a comentar y analizar el abundante material de la obra y vida de Vincent Van Gogh conformado por las cartas que éste dejó escritas como una más de sus obras póstumas, entre las que se encuentran las más de 800 obras pictóricas inventariadas junto con una cantidad similar de dibujos que produjo a lo largo de diez años, desde 1880 a 1890, año en que muere a causa de un disparo que él mismo se produjo estando en uno de esos campos de trigo inmortalizados en sus cuadros. Poco antes de esto escribió su última carta a Théo que, sin atreverse a enviar, conservó en su bolsillo durante días, como un pensamiento condensado sobre el que necesitaba meditar, en ella decía: “Pues bien, en mi trabajo arriesgo mi vida y en él mi razón se ha hundido a medias…”,. Pero lo que sí pudo decir a su hermano Théo justo antes de morir, ya en el lecho de muerte, fueron estas palabras: ”Fracasado una vez mas… La miseria no acabará nunca…”