Siguiendo con el artículo anterior (ver artículo anterior), pasamos a explicar, desde la filosofía marxista, la relación del arte con la sociedad en la que se desarrolla, y como se influyen mutuamente, bien se trate de una sociedad socialista o capitalista, los conflictos que se originan entre arte y capitalismo, arte y mercado, arte y capital, búsqueda artística y mercado de consumo. En función de estas consideraciones dice Alan Woods en su libro “El Marxismo y el Arte”:
“Estas últimas (la economía, la política o la sociología) nos proporcionan una comprensión de los cambios socioeconómicos generales que conforman y determinan la naturaleza general y la psicología del período en el cual se desarrollan todas las ramas de la cultura humana, el clima de los tiempos que condiciona poderosamente el arte y la literatura…”
Este clima de los tiempos viene determinado mayoritariamente, según el
materialismo dialéctico, por cómo se encuentran distribuidos socialmente los medios de producción, así como su nivel de desarrollo, a partir de los cuales se infiere la dialéctica de la lucha de clases, cómo éstas se entienden mutuamente y cómo se ven a sí mismas en el conjunto de la
*sociedad y en el mundo entero. El arte, como medio de expresión se hace transmisor de todos los anhelos y frustraciones de las diferentes
clases sociales, que son el resultado de todos los conflictos inherentes a la estructura social, económica y política, y una sociedad capitalista generará un
arte dentro de la dinámica del consumo.
Así asistimos, en la actualidad, a un arte centrado en el objeto, en el producto que se puede comprar o vender, y a un arte centrado también en el culto a la personalidad del artista como valedor del producto y garante de su rentabilidad, el artista como objeto de marketing y su obra como valor de mercado, ¿y los aportes al conocimiento humano?, ¿dónde quedan?. Estoy harto de oír análisis de ferias tras ferias de arte donde solo se informa de la cantidad de obras vendidas, público que ha asistido, galerías presentes, artistas invitados y, sobre todo, capital económico movilizado, pero de los descubrimientos artísticos se habla poco, por no decir nada o casi nada, y lo más grave es que se ha hecho normal y a nadie le sorprende. A lo más se analizan, eventualmente, en alguna entrevista aislada, o artículo de alguna revista especializada, los descubrimientos y trayectorias personales de algún artista concreto, pero no se ve ningún movimiento organizado de trabajo en común por ampliar socialmente las fronteras en la compresión del arte, solo narraciones de trayectorias aisladas de artistas aislados, obsesionado cada cual consigo mismo.
No sé donde queda la relación entre arte y conocimiento popular hoy en día, de hecho el arte es entendido, más como un elemento de ocio, que de conocimiento, y esto no es solo debido al capitalismo, sino que también a la perdida de una visión del mundo trascendental, donde la alegoría visual del arte despliega su potencial para palpar literalmente lo oculto, pero en un mundo que no cree en lo que no le llega por los cinco sentidos, esto se pierde en la indiferencia social. Por ello, una vez superado el capitalismo como modelo económico y entrados en una era socialista, para llegar a la verdadera revolución de la humanidad habría que superar a su vez el estancamiento empírico del materialismo dialéctico, que no ve más allá de lo más terrenal, considerando toda la espiritualidad de todas las religiones meros cuentos para bobos, cuando, en realidad es conocimiento trascendental condensado, puesto al alcance de todos quienes quieran trascenderse a sí mismos y elevarse por encima de sus propios prejuicios, porque los prejuicios nos aquejan a todos, pero casi ninguno tenemos la humildad de admitirlo ni la valentía de hacerles frente.
*Fuente de la imagen: NYPL Digital Gallery, Tucker, Colección de Benjamin Ricketson, http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Karl_marx_nypl.jpg