Los anillos fatigados, los heraldos negros, César Vallejo.

Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse,
y hay ganas de morir, combatiendo por dos
aguas encontradas que jamás han de istmarse.


Hay ganas de un gran beso que amortaje a la Vida,
que acaba en el áfrica de una agonía ardiente,
¡suicida!


Hay ganas de...no tener ganas, Señor;
a ti yo señalo con el dedo deicida:
hay ganas de no haber tenido corazón.


La primavera vuelve y se irá. Y Díos,
curvado en tiempo, se repite, y pasa, pasa
a cuestas con la espina dorsal del Universo.


Cuando las sienes tocan su lúgubre tambor,
cuando me duele el sueño grabado en un puñal,
hay ganas de quedarse plantado en este verso!

Los anillos fatigados, poema de César Vallejo fue publicado en 1918 año de publicación de Los Heraldos Negros.

Lo que más llama la atención en este poema es sin duda ninguna la preocupación metafísica del autor. Vallejo parece plantear el sentido de la existencia pero también sus dudas respecto a la existencia de Díos. En algunos versos consigue trasmitir su estado de ánimo en el momento que escribe. De hecho Vallejo es uno de estos escritores que añaden a su arte elementos de su vida sin hermetismo. En Los Heraldos negros varios de sus poemas remiten a miembros de su familia “A mi hermanito Miguel” o “Los pasos lejanos”. Quizás esta peculiaridad hace que su poesía sea tan especial, Vallejo es un autor en el que se mezclan elementos del modernismo en una primera etapa, luego la Vanguardia ocupará la mayoría de su obra pero nunca dejará de introducir su realidad, sus familiares así como sucesos suyos en su propia literatura.

Respecto al poema propio, me parece que en cinco estrofas Vallejo consigue una gran riqueza acercándose al sentido de la existencia, se oponen constantemente las ideas de vida y muerte quizás para reflejar la complejidad que suponen. Con más claridad se puede decir que el poema gira entorno a las ideas de vida muerte y amor. Vallejo llega hasta trasmitirnos esa sensación de estar “sin ganas” de vivir, sin ganas de sufrir pero sí con ganas de amar, lo vemos en el verso siguiente: “Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse,y hay ganas de morir”, “Hay ganas de un gran beso que amortaje a la Vida”. El poema se cierra con la única certitud que tiene el poeta, la de contentarse con la poesía y de quedarse con ella, sin saber de que manera vivir la vida.Parece que sólo le queda la poesía y que intentará vivirla. Cerramos este artículo con el último verso del poema que me parece realmente precioso:hay ganas de quedarse plantado en este verso!