El Teatro y su doble, Antonin Artaud (1ª Parte)

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“El teatro y la cultura” es uno de los artículos que escribió Antonin Artaud en su obra “El teatro y su doble”. Comentamos en esta ocasión este interesante artículo en el que se denuncia la idea que se tenía del arte, la vida y la cultura en su época. Idea que les arrastraba, según él, a una situación desesperada que les llevaba a una vida estéril, sin fuego, sin visión profunda de las cosas; naciendo así el “arte desinteresado”, como lo llama Artaud, el arte sin propósito, autocomplaciente y vacuo, solo preocupado de la forma por la forma, la forma entendida superficialmente, “los dioses duermen en los museos” dice Artaud.

Así critica Antonin Artaud al arte concentrado en las formas, en un sentido superficial, y olvidado del contenido real y revolucionario que subyace a toda forma artística:
“ Si hay aún algo infernal y verdaderamente maldito en nuestro tiempo es esa complacencia artística con que nos detenemos en las formas, en vez de ser como hombres condenados al suplicio del fuego, que hacen señas sobre sus hogueras”.
Con respecto al lenguaje (forma) y su relación dialéctica con el teatro advierte que si se cae en el error de identificar teatro con algún lenguaje en concreto (palabras escritas, música, luces, ruidos, etc.), se acaba con el propio teatro, ya que el lenguaje no es más que otro tipo de forma sin contenido a priori, y la forma por la forma no lleva a ningún lugar, de hecho Artaud habla de destruir el lenguaje para alcanzar la vida y así hacer teatro. Desde este punto de partida visceral realmente se pueden superar todos nuestros prejuicios conceptuales, destruir el lenguaje, tocar la vida…
Se expone también en este artículo el error de separar cultura y vida, cuando, según él, son la misma cosa, de este modo, al separarlas creamos una cultura artificial y una vida artificial, ambas decadentes, una vida en la que andamos perdidos y una cultura inútil, desvinculada de la sociedad y que sólo se mantiene por un esfuerzo artificial de instituciones públicas y privadas (subvenciones, concursos, muestras patrocinadas, etc.). En su escrito protesta de este modo:
“Protesta contra la limitación insensata que se impone a la idea de la cultura, al reducirla a una especie de inconcebible panteón; de que motiva una idolatría de la cultura, parecida a la de esas religiones que meten a sus dioses en un panteón.
Protesta contra la idea de una cultura separada de la vida, como si la cultura se diera por un lado y la vida por otro; y como si la verdadera cultura no fuera un medio refinado de comprender y ejercer la vida.”
Realmente tenemos que admitir que domina, hoy en día también, una constante idolatría de la cultura que ni siquiera cuestionamos, Artaud lo denunciaba como un síntoma de degeneración social. Pero esta es la realidad actual, el arte y el pueblo andan por caminos distintos, y el museo sería el panteón del que habla Artaud, el lugar reservado al arte fuera de la sociedad. Pero lo grave es la determinación con la que las diferentes instituciones (públicas y privadas) alimentan y promueven esta situación, con constantes campañas donde definen el arte como algo que hay que ir a ver, algo que no está en casa, ni estará. De este modo estamos ante una cultura inútil según Artaud, y un arte que no sirve para nada, autocomplaciente.

*Fuente de la imagen: r A Journey Round My Skull (en Flickr.com). http://www.flickr.com/photos/ajourneyroundmyskull/3908470244/in/photostr...