El Teatro y su doble, Antonin Artaud (2ª Parte)

Continuando con el artículo El Teatro y su doble (1ª Parte) podemos añadir que Antonin Artaud defiende el arte útil, interesado, práctico de las culturas primitivas, el arte ligado a la magia, el arte como mediador con la divinidad, un arte práctico que no se sitúa al margen de la vida cotidiana, pero añade:

“Pero por mucho que necesitemos de la magia, en el fondo tememos a una vida que pudiera desarrollarse por entero bajo el signo de la verdadera magia.”
La confusión de separar arte y vida, arte y sociedad, se extiende, según Artaud al propio lenguaje que usamos, así dice:
“Si la confusión es el signo de los tiempos, yo veo en la base de esa confusión una ruptura entre las cosas y las palabras, ideas y signos que las representan.”
Pasamos por la vida de puntillas y el propio lenguaje se hace eco de ello. Un lenguaje desvinculado de la realidad, las palabras se han separado de las cosas que nombramos.
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Realmente me parece que hay mucho de actual en este artículo, también señala el error de entender la relación con la obra desde el punto de vista de mero espectador, esto es algo completamente asumido en arte hoy en día, muchos artistas han trabajado en la dirección contraria después de la muerte de Artaud, pero la idea dominante sigue siendo la que critica en este párrafo:
“El viejo totemismo de los animales, de las piedras, de los objetos cargados de electricidad, de los ropajes impregnados de esencias bestiales, brevemente, todo cuanto sirve para captar, dirigir y derivar fuerzas es para nosotros cosa muerta, de la que no sacamos más que un provecho artístico y estático, un provecho de espectadores y no de actores.”
Tenemos que admitir que el arte como algo ante lo que hay que ser parte activa no ha calado en la sociedad actual, aun después de que se haya trabajado mucho en esa dirección en la segunda mitad del siglo XX. La mayoría de la gente sigue yendo a los museos a mirar, y el arte sigue siendo entendido como algo que se haya solo en los museos y nada más.
El polo opuesto en este aspecto lo encuentra Artaud en una cultura no occidental, una cultura primitiva, en México, donde dice textualmente que no hay arte, entendiendo con esto que arte y vida están completamente integrados, no existiendo diferenciación entre ambos, viviéndose así en un mundo de perpetua exaltación, “las cosas sirven” dice Artaud, y sigue así:
“A nuestra idea inerte y desinteresada del arte, una cultura auténtica opone su concepción mágica y violentamente egoísta, es decir interesada. Pues los mexicanos captan el Manas, las fuerzas que duermen en todas las formas, que no se liberan si contemplamos las formas como tales, pero que nacen a la vida si nos identificamos mágicamente con esas formas. Y ahí están los viejos tótems para apresurar la comunicación.”
Cuando el arte se integra en la vida la realidad se expande, la visión del mundo se profundiza y todo se vuelve vivo porque la vida está en todo realmente. El arte pasa a volverse de este modo algo útil, práctico, utilitario, porque se relaciona íntimamente con la vida manifestada en las cosas que nos rodea, y así redescubrimos la magia, completamente desestimada hoy en día. A propósito de esto último acabo citando nuevamente a Artaud:
“Esto conduce a rechazar las limitaciones habituales del hombre y de los poderes del hombre, y a extender infinitamente las fronteras de la llamada realidad...”

*Fuente de la imagen: r A Journey Round My Skull (en Flickr.com). http://www.flickr.com/photos/ajourneyroundmyskull/3908470244/in/photostr...