Antonin Artaud, "El Teatro y la Peste" en el "Teatro y su doble"

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En su libro “El Teatro y su doble”, en el capítulo titulado “El teatro y la peste”, nos da Antonin Artaud una visión diferente y fundamentalmente espiritual de esta terrible enfermedad, la peste. Y señala diferentes aspectos que nos conducen a una visión metafísica de ella.

Primero explica el constatado hecho, según él, de que los afectados por esta enfermedad no muestran ningún órgano del cuerpo afectado hasta tal punto como para causar la muerte por sí mismos, pasando a dar una descripción detallada del proceso de esta enfermedad, en la que acaba por concluir que los únicos órganos a los que ataca directamente son los pulmones y el cerebro, órganos manejados por la voluntad, tanto en el fluir de los pensamientos como de la respiración interviene la voluntad consciente, llegando así a la conclusión de que el objetivo de la peste es atacar la propia voluntad del individuo.
 
Acaba por constatar entonces que la peste ataca directamente a la voluntad del enfermo, dejando entender que es éste quien acaba por rendirse a la  muerte. Señala también algunas notas interesantes como el hecho de que todas las grandes epidemias de peste duren exactamente cinco meses, pasando luego a perder virulencia de un modo repentino.
 
En palabras de Antonin Artaud:
“De todo esto surge la fisonomía espiritual de un mal con leyes que no pueden precisar científicamente […]. Nadie puede decir por qué la peste golpea al cobarde que huye y preserva al vicioso que se satisface en los cadáveres; por qué el apartamiento, la castidad, la soledad son impotentes contra los agravios del flagelo. Y por qué determinado grupo de libertinos, aislados en el campo, como Boccaccio con dos compañeros bien provistos y siete mujeres lujuriosas y beatas, puede aguardar en paz los días cálidos en que la peste se retira; y por qué en un castillo próximo, transformado en ciudadela con un cordón de hombres de armas que impide la entrada, la peste convierte a la guarnición y a todos los ocupantes en cadáveres, preservando a los hombres armados, los únicos expuestos al contagio. […]. Con tales rarezas, misterios, contradicciones y síntomas hemos de componer la fisonomía espiritual de un mal que socava el organismo…” 
 
Después de haber hecho notar esta dimensión metafísica de la enfermedad, relaciona ahora a la peste directamente con el teatro, haciendo un símil entre aquellos lunáticos que se dedican a entrar a robar a las casas de los apestados y el hecho de actuar en el teatro, así define él mismo lo que es el teatro: “la gratuidad inmediata que provoca actos inútiles y sin provecho.”
 
Realmente la idea que subyace en este capítulo de El teatro y su doble, en esta comparación aparentemente descabellada, es el hecho de que en ambas realidades subyace la tragedia humana de un modo avasallador. En la peste, según nos indica Antonin Artaud, porque es la manifestación y desahogo de todas las frustraciones y conflictos acumulados de la sociedad, como una especie de alivio de las fuerzas negativas acumuladas durante decenios, una especie de limpieza total para volver a empezar, como un acto de higiene natural aplastante. Mientras que el teatro es una manifestación de todas la pasiones, bajezas, y deseos humanos, una puesta en marcha de toda esta energía para recrear la propia dinámica que mueve el mundo, llevándonos a nuestra muerte psicológica. Artaud lo dice de este modo:
 
"Parece como si por medio de la peste se vaciara colectivamente un gigantesco absceso, tanto moral como social; y que, el teatro, como la peste, hubiese sido creado para drenar colectivamente esos abscesos".
 
Entonces, dicho todo esto, en qué aspecto fundamental confluyen, según Artaud, estas dos realidades del teatro y la peste. Pues en que ambas son un desencadenamiento desenfrenado de las pasiones humanas. La peste al modo de conciencia universal que decide autorregenerarse por medio de esta enfermedad y el teatro al modo de instrumento del hombre para desatar sus perversidades más inconfesables donde el actor vive el drama de una transmutación total, enfocado a los aspectos más degenerados de la persona, igual que el enfermo de peste ve como su cuerpo vive la transmutación degenerativa de esta enfermedad. Ambas realidades producen un desequilibrio contenido, un desplazamiento temporal de la realidad circundante, el código de lo que es normal se ve radicalmente desplazado en ambos casos y en ambos casos son las pasiones humanas las artífices de este desplazamiento temporal. Es la pasión del hombre la que se manifiesta en la peste y en el teatro. Acabo volviendo a citar a Antonin Artaud:
 
"El teatro esencial se asemeja a la peste, no porque sea también contagioso sino porque, como ella, es la revelación, la manifestación, la exteriorización de un fondo de crueldad latente, y por él se localizan en un individuo o en un pueblo todas las posibilidades perversas del espíritu."

*Fuente de la imagen: r A Journey Round My Skull (en Flickr.com). http://www.flickr.com/photos/ajourneyroundmyskull/3908470244/in/photostr...